—No vine a hablar de Julián.
—Entonces, ¿a qué viniste?
—A invitarlos a la presentación oficial de Alcázar Capital.
Elvira leyó la dirección y perdió el color.
—¿La torre frente a nuestras oficinas?
—Esa misma.
—¿La compraste?
—Sí. Desde ahí se ven muy bien sus deudas.
Ernesto salió del despacho con el rostro desencajado.
—Renata, podemos arreglar esto como familia.
Ella lo miró con calma.
—Durante 5 años fui familia cuando necesitaron dinero, médicos o abogados. Pero cuando su esposa me humillaba, yo era “la arrimada”.
Elvira apretó los labios.
—No sabíamos quién eras.
—Ese es precisamente el problema. Creyeron que podían maltratarme porque pensaban que no era nadie.
Antes de irse, Renata dejó una carpeta frente a Ernesto.
Contenía transferencias irregulares y pagos a una empresa fantasma de Cancún.
—Mañana hablaremos de esto —dijo—. O quizá primero hable la fiscalía.
Desde una ventana del segundo piso, Valeria la observaba.
Una hora después, el celular de Renata sonó.
—Rena, soy Valeria. Quiero aclarar las cosas.
—Te escucho.
—Julián estaba en shock. Yo solo lo abracé porque crecimos juntos. Él me quiere como a una hermana.
Renata abrió otra carpeta.
—¿También como hermana te pagaba el departamento en la Condesa?
Hubo silencio.
—No sé de qué hablas.
—Hablo de los depósitos hechos desde una cuenta militar. Hablo de tus viajes a Cancún con Ramiro Vidal, un empresario casado. Y de los 9 millones que debía tu padre por apuestas.
La voz dulce de Valeria cambió.
—¿Qué quieres?
—Saber por qué apareciste exactamente el día en que Julián volvió.
Valeria soltó una risa seca.
—Porque tú nunca entendiste a los hombres. Tú resuelves todo, controlas todo, pagas todo. Un hombre a tu lado se siente inútil.
—¿Y contigo se siente héroe?
—Conmigo se siente necesario.
Renata cerró la carpeta.
—Qué pena que tu fragilidad venga con estados de cuenta.
La inauguración de Alcázar Capital reunió a banqueros, empresarios, periodistas y funcionarios.
Los Ferrer llegaron porque no tenían opción.
Julián entró con Valeria tomada de su brazo, aunque su rostro mostraba que ya no estaba seguro de nada.
Renata subió al escenario.
—Durante años, muchas empresas han confundido discreción con debilidad —dijo—. Alcázar Capital no rescatará más negocios que premian la incompetencia y castigan a quienes los sostienen.
Después anunció públicamente la compra de 5% de Constructora Ferrer.
Los murmullos llenaron el salón. Ernesto tuvo que sujetarse de una silla.
Pero el golpe más fuerte llegó después.
Renata entregó a Julián un sobre.
Dentro había comprobantes de depósitos, fotografías, mensajes y contratos firmados por Valeria.
Él leyó todo lentamente.
—¿Ramiro Vidal? —preguntó con voz rota—. Dijiste que ni lo conocías.
Valeria comenzó a llorar.
—Me obligaron. Mi papá debía dinero.
—¿Y los mensajes donde dices que me ibas a “recuperar” para entrar a las cuentas de Renata?
Valeria intentó tomarle la mano.
Julián retrocedió.
—Me usaste.
—Lo hice porque te amo.
—No. Lo hiciste porque creíste que yo era una puerta.
Por primera vez, él la dejó sola.
Valeria limpió sus lágrimas y clavó los ojos en Renata.