—Esto apenas empieza.
Esa noche, Mariana llamó desde la oficina.
—Encontramos algo más. Valeria no actuó sola.
—¿Quién está detrás?
—León Barragán. Su padre fue condenado por espionaje industrial hace 16 años. El denunciante fue tu padre.
Renata sintió que el aire cambiaba.
Cuando tenía 12 años, su casa se llenó de escoltas y silencios. Su padre, el general retirado Gabriel Alcázar, había participado en la investigación que condenó a Tomás Barragán.
Tomás vendió información estratégica de puertos mexicanos a una red extranjera y murió en prisión culpando a los Alcázar.
Renata llamó a su padre.
—¿Tomás Barragán era culpable?
—La evidencia decía que sí.
—No te pregunté qué decía la evidencia.
Gabriel tardó en responder.
—Su esposa aseguró que lo amenazaron usando a su hijo. Nunca pudimos demostrarlo.
—¿El hijo era León?
—Sí. Renata, aléjate de esto.
—Ya entró a mi vida.
Al día siguiente, Renata viajó a Mérida con Mariana y un investigador privado.
León visitaba cada día 20 la tumba de su padre.
Lo encontró frente a una lápida, colocando lirios blancos.
—Tardaste menos de lo que calculé —dijo.
—Tú mandaste a Valeria.
—Yo pagué la deuda de su padre. Ella hizo el resto.
—¿Para destruir a los Ferrer?
—Para llegar a ti.
León sacó una memoria USB.
—Aquí está la prueba de que tu padre manipuló el expediente.
—Entrégala.
—Primero arrodíllate y pide perdón.
Renata no se movió.
—Usaste a una mujer endeudada, manipulaste a Julián y pusiste en riesgo a decenas de familias que trabajan en una empresa. No buscas justicia. Buscas repetir el dolor.
León apretó la memoria.
—Tu padre me dejó sin padre.
Una voz sonó detrás.
—Y tú estás a punto de quedarte sin libertad.
Santiago Alcázar, hermano mayor de Renata, apareció acompañado por agentes federales.
León levantó la memoria.
—Si se acercan, todo saldrá a la prensa.
El teléfono de Renata vibró.
Mariana había conseguido acceso al archivo completo.
—León —dijo Renata—, esas páginas no fueron borradas. Fueron reservadas porque contenían una operación de inteligencia.
Él negó con la cabeza.
—Mentira.
—También investigaron el supuesto secuestro. Una unidad federal te llevó a una casa segura porque había amenazas contra tu familia.
—Mi madre dijo que Gabriel Alcázar me usó para obligar a mi padre a confesar.
—Tu madre recibió información falsa de alguien dentro de la red para convertirte en enemigo de los Alcázar.
La mano de León comenzó a temblar.
Renata dio un paso.
—Te alimentaron una mentira durante 16 años. Y tú hiciste lo mismo con Valeria.
León miró la tumba.
—Entonces… ¿mi padre sí vendió la información?
—Fue presionado, pero también aceptó dinero. Hay transferencias y grabaciones. La verdad no es limpia, León. Tu padre fue víctima y culpable al mismo tiempo.
Él cerró los ojos.
—Valeria tiene los contactos —murmuró—. Planeaba vender información financiera fuera del país cuando los Ferrer y los Alcázar se destruyeran entre sí.
Los agentes se acercaron.
León entregó la memoria.
—Me voy a entregar.
3 días después, Valeria fue detenida en Tapachula con documentos falsos, dinero en efectivo y archivos cifrados.
Julián buscó a Renata una última vez.
—Perdí mi familia, mi empresa y a la mujer que amaba.