A 30,000 pies descubrí a mi esposo con su secretaria… y una sola llamada lo dejó sin trabajo, sin dinero y sin familia

A 30,000 pies descubrí a mi esposo con su secretaria… y una sola llamada lo dejó sin trabajo, sin dinero y sin familia

PARTE 2

Rodrigo se agachó para recoger el teléfono, pero Mariana fue más rápida.

No lo tomó. Solo fotografió la pantalla desde varios ángulos mientras Vanessa temblaba.

—Eso no es lo que parece —dijo la joven.

Mariana soltó una risa seca.

—Esa frase ya perdió todo su valor en este avión.

Rodrigo miró alrededor. Los pasajeros fingían no escuchar, aunque varios tenían el celular discretamente levantado.

—Mariana, si cancelas el contrato, vas a perjudicar a cientos de empleados —susurró él—. Podemos hablar cuando aterricemos.

—No cancelé nada. Pedí una auditoría. Si todo está limpio, no tienes de qué preocuparte.

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La mandíbula de Rodrigo se endureció.

Por primera vez, dejó de parecer avergonzado y mostró algo más peligroso: miedo.

Durante las siguientes 2 horas, Mariana volvió a su asiento. No derramó una sola lágrima. Revisó estados de cuenta, correos antiguos y fotografías de los últimos meses.

Todo empezó a encajar.

Los hoteles de lujo coincidían con supuestas reuniones de clientes.

Los restaurantes aparecían facturados como “atención ejecutiva”.

Los vuelos de Vanessa estaban cargados al presupuesto de implementación del contrato con Grupo Arista.

Rodrigo no solo la engañaba.

Había usado el nombre de su esposa para financiar la aventura.

Al aterrizar en Monterrey, 3 personas esperaban junto a la puerta: Verónica, un auditor externo y el director general de TransNorte, Octavio Rivas.

Rodrigo se detuvo en seco.

—Esto es ridículo —dijo—. Mariana está actuando por celos.

Octavio no respondió. Le mostró una tableta.

En menos de 90 minutos, el equipo jurídico había detectado facturas duplicadas, viáticos falsos y transferencias hacia una empresa llamada VL Consultoría.

La propietaria era Vanessa Luján.

—Quedas suspendido desde este momento —anunció Octavio—. Entrega tu computadora, tus tarjetas corporativas y tu teléfono de trabajo.

Vanessa comenzó a llorar.

—Yo no sabía que el dinero venía de Grupo Arista.

Rodrigo giró hacia ella.