PARTE 2: TODO ESTABA A MI NOMBRE

PARTE 2: TODO ESTABA A MI NOMBRE

A la mañana siguiente, mi madre apareció en la UCI.

No preguntó cómo estaba.

No preguntó si podía respirar sin dolor.

Entró agitando unos documentos.

—¿Qué hiciste con nuestra hipoteca?

La miré desde la cama.

—Retiré mi garantía.

—¡Vamos a perder la casa!

—Ayer me dijiste que mis problemas eran míos.

Mi madre se quedó callada.

—Este también es tu problema.

Mi padre entró detrás de ella.

—Vuelve a firmar y terminemos con esta estupidez.

—No.

Fue la primera vez que pronuncié esa palabra sin miedo.

Mi padre golpeó los documentos contra la mesa.

—Después de todo lo que hicimos por ti…

Solté una pequeña risa.

—Cuando les pedí una habitación para escapar de Dominic, me mandaron de regreso con él.

Ninguno respondió.

Entonces apareció mi abogada, Rachel Bennett.

Traía dos carpetas.

—La visita terminó.

Mi padre quiso protestar.

Rachel dejó el primer documento frente a él.

Era la notificación formal de que mi garantía había sido retirada.

El segundo era mucho peor.

—También hemos solicitado una orden de protección contra Dominic —explicó—. Y entregaremos a las autoridades la documentación financiera correspondiente.

Mi madre palideció.

—¿Qué documentación?

No contesté.

Todavía no.

Dos horas después, Dominic llegó acompañado de su abogado.

No pudo entrar a mi habitación.

Se quedó detrás de las puertas de seguridad de la UCI mientras un agente le entregaba los documentos.

Desde mi cama pude verlo a través del cristal.

Primero sonrió.

Después abrió la carpeta.

Y dejó de sonreír.

Mi petición de divorcio incluía algo que Dominic jamás imaginó.

Mi reclamación sobre el treinta y ocho por ciento de su empresa.

Me llamó inmediatamente.

Contesté.

—¿Qué demonios estás haciendo?

Su voz ya no sonaba como la del esposo perfecto.

—Divorciándome.

—Esa empresa es mía.

—Revisa los documentos de constitución.

Silencio.

—Tú firmaste todo, Dominic.

Lo escuché respirar más rápido.

Durante años había presumido que él había construido aquella compañía desde cero.

La verdad era diferente.

Yo había diseñado la estructura inicial.

Había conseguido los primeros clientes.

Y cuando necesitábamos capital, invertí la herencia que había recibido de mi abuela.

Dominic nunca quiso reconocer públicamente mi participación.

Pero tampoco pudo borrarla legalmente.

—Podemos arreglar esto —dijo de pronto.

Reconocí inmediatamente aquel tono.

Era el tono anterior a las flores.

—Voy a cambiar.

—No.

—Estás confundida por los medicamentos.

—No estoy confundida.

Hice una pausa.

—Y esta conversación está siendo documentada.

Colgó.

Esa misma tarde, Rachel abrió conmigo la carpeta de transferencias.

Durante dieciocho meses, Dominic había movido dinero de la empresa hacia tres compañías.

Dos pertenecían a conocidos suyos.

La tercera tenía una dirección que reconocí inmediatamente.

Era la oficina contable de mi padre.

Miré a Rachel.

—¿Por qué aparece mi padre aquí?

Ella permaneció seria.

—Eso es lo que necesitamos averiguar.

Entonces comprendí por qué mis padres siempre defendían a Dominic.

Quizá no era porque lo quisieran más que a mí.

Quizá necesitaban que yo siguiera casada con él.

Rachel pidió revisar las transferencias.

Horas después regresó con el rostro tenso.

—Tu padre recibió pagos de Dominic.