Parte 2: EL APELLIDO QUE ELLos TEMÍAN

Parte 2: EL APELLIDO QUE ELLos TEMÍAN

Thomas no hizo preguntas.

—¿Quiere que enviemos seguridad?

Gwen miró hacia la sala.

Hazel seguía abrazada a su pecho. Spencer discutía con su madre mientras Cassandra intentaba limpiar desesperadamente la mancha de su vestido.

Ninguno parecía comprender lo que acababa de comenzar.

—Sí —respondió Gwen—. Y prepara un vehículo para Hazel. Primero iremos al hospital.

—Estarán ahí en diez minutos.

Gwen colgó.

Cuando regresó a la sala, Spencer soltó una carcajada.

—¿Terminaste tu espectáculo?

Ella no respondió.

Recogió el abrigo de Hazel y comenzó a ponérselo.

Cassandra cruzó los brazos.

—¿Adónde crees que vas?

Gwen levantó lentamente la mirada.

—A documentar lo que le hiciste a mi hija.

La sonrisa desapareció del rostro de Cassandra.

—Fue una bofetada.

—No.

Gwen mantuvo la voz tranquila.

—Y hay cámaras en esta casa.

Spencer se quedó inmóvil.

Patricia fue la primera en reaccionar.

—Las cámaras son propiedad de la familia Albright.

—Perfecto —respondió Gwen—. Entonces supongo que no tendrán problema en entregar las grabaciones.

Spencer avanzó.

—No vas a llevar esto más lejos.

Gwen abrazó a Hazel.

—Ya lo hice.

En ese instante, el teléfono de Spencer comenzó a sonar.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—¿Qué?

Escuchó durante varios segundos.

—Eso es imposible.

Cassandra se acercó.

—¿Qué ocurre?

Spencer levantó una mano pidiendo silencio.

—No pueden congelar esa línea. Tenemos un acuerdo vigente.

Otra pausa.

—¿Crawford Capital?

Gwen cerró los ojos.

Thomas había empezado.

Spencer la miró.

—¿Qué hiciste?

—Todavía nada comparado con lo que viene.

—¿Quién demonios eres?

Por primera vez en seis años, Gwen sonrió.

—La pregunta correcta sería quién era antes de conocerte.

Antes de que Spencer pudiera responder, Patricia recibió una llamada.

Luego otra.

Después Cassandra miró su propio teléfono.

En menos de un minuto, la mansión se llenó de tonos, vibraciones y voces nerviosas.

Spencer caminaba de un lado a otro.

—¡Quiero hablar con el director del banco!

Patricia palideció.

—Spencer… la tarjeta de la cuenta familiar fue rechazada.

—Debe ser un error.

—También bloquearon el acceso al fondo de inversión.

Cassandra miró a Gwen.

—¿Tú hiciste esto?

Gwen no respondió.

Afuera aparecieron luces.

Tres vehículos negros entraron por el portón.

Spencer se acercó a la ventana.

—¿Quiénes son?

—Mi transporte.

—Esta es mi propiedad.

—Por ahora.

Aquellas dos palabras lo hicieron girarse.

—¿Qué significa eso?

Gwen tomó a Hazel de la mano.

—Significa que deberías llamar a tus abogados.


En el hospital, Hazel fue atendida mientras Gwen permanecía junto a ella.

La pequeña no soltó su mano.

—Mami…

—Aquí estoy.

—¿Papá está enojado conmigo?

La pregunta le dolió más que cualquier insulto de Spencer.

Gwen acarició su cabello.

—Nada de esto fue por tu culpa.

Hazel guardó silencio.

—¿Vamos a volver a casa?

Gwen miró hacia la ventana.

—A esa casa no.

Una hora después, Thomas apareció.