PARTE 2: LA INVITADA QUE NO DEBÍAN INVITAR

PARTE 2: LA INVITADA QUE NO DEBÍAN INVITAR

Ocho semanas después entré a aquella boda con mi hija en brazos.

Adrian me vio desde el altar.

Primero sonrió.

Después miró a la bebé.

Y dejó de respirar.

Celeste también la vio.

—¿De quién es esa niña?

Saqué la prueba de ADN.

—De Adrian.

El salón entero quedó en silencio.

Su madre palideció.

Adrian bajó del altar.

—Mia… ¿es mi hija?

—Sí. La hija del hombre que me llamó estéril.