Parte 2: EL APELLIDO QUE ELLos TEMÍAN

Parte 2: EL APELLIDO QUE ELLos TEMÍAN

Tenía casi sesenta años, cabello gris y el mismo traje impecable que Gwen recordaba de su juventud.

Al verla, se detuvo.

Durante unos segundos ninguno habló.

Thomas había sido la mano derecha de su padre desde que Gwen era niña.

Finalmente inclinó la cabeza.

—Señora Gwen Crawford.

Ella sintió un nudo en la garganta.

Hacía seis años que nadie pronunciaba aquel nombre de aquella manera.

—Thomas.

Él miró a Hazel.

Su expresión se endureció.

—Su padre ya viene.

Gwen palideció.

—¿Aquí?

—Tomó el primer vuelo desde Nueva York.

—Le dije que activaras las auditorías, no que lo llamaras.

Thomas casi sonrió.

—¿De verdad creyó que podía escuchar que su hija había pedido ayuda después de seis años y quedarse sentado?

Gwen apartó la mirada.

—Él me advirtió sobre Spencer.

—Sí.

—Y yo elegí a Spencer.

—También tenía veinticuatro años.

Gwen respiró profundamente.

—¿Qué encontraron?

Thomas abrió una tableta.

—Albright Enterprises está peor de lo que sospechábamos.

Aparecieron decenas de movimientos financieros.

—Durante cuatro años, Spencer utilizó activos respaldados indirectamente por Crawford Capital para conseguir créditos.

Gwen frunció el ceño.

—Eso no debería ser posible sin autorización.

—Exactamente.

Thomas cambió de pantalla.

Apareció su nombre.

GWENDOLYN CRAWFORD — AUTORIZACIÓN DE GARANTÍA.

Gwen sintió un escalofrío.

—Yo nunca firmé eso.

—Lo sabemos.

—Entonces falsificaron mi firma.

Thomas guardó silencio.

La respuesta estaba escrita en su rostro.

Gwen siguió revisando.

Había préstamos.

Empresas fantasma.

Transferencias.

Millones de dólares.

—¿Cuánto?

—Todavía estamos calculándolo.

—Thomas.

Él respiró profundamente.

—Al menos cuarenta y tres millones.

Gwen levantó la cabeza.

Aquello ya no era solamente una infidelidad.

Ni una familia arrogante viviendo por encima de sus posibilidades.

Era un esquema financiero.

—¿Spencer hizo todo esto?

—No solo.

Thomas abrió otra carpeta.

—Alguien dentro de Crawford Capital lo ayudó.

Gwen se quedó helada.

—¿Quién?

—Todavía no lo sabemos.


Mientras tanto, en Bel Air, Spencer había convocado a dos abogados y al director financiero de su empresa.

Cassandra caminaba nerviosamente por la biblioteca.

—¿Va a denunciarme?

—¡Cállate!

—Spencer, yo no quiero problemas con la policía.

Patricia golpeó la mesa.

—¿Podemos concentrarnos en lo importante?

El director financiero estaba pálido frente a su computadora.

—Tenemos seis cuentas restringidas y tres bancos solicitando documentación inmediata.

—¿Por qué?

—Porque Crawford Capital retiró las garantías.

Spencer apretó los dientes.

—Gwen no controla Crawford Capital.

El abogado levantó lentamente la mirada.

—¿Está seguro?

—Claro que estoy seguro. Su familia la abandonó cuando se casó conmigo.

El hombre giró su computadora.