—Por favor, no vengas a la boda.
La miré fijamente.
Comenzó a explicarse rápidamente.
—Te sentirás incómoda. Yo me preocuparé todo el día. Podría pasar algo.
—¿Qué podría pasar?
No quiso responder.
Así que hice yo misma la pregunta.
—¿Tienes miedo de que te avergüence?
Lauren no dijo nada.
Su silencio dolió más que una respuesta.
—Soy tu madre.
—Lo sé.
—¿Ethan sabe que me estás pidiendo que no vaya?
Titubeó.
Eso me lo dijo todo.
Asentí.
—Está bien. No iré.
El alivio cruzó su rostro.
**PARTE 2 — La fotografía en la repisa**
Ethan susurró algo al oficiante.
Luego empezó a caminar por el pasillo.
Directamente hacia mí.
Casi doscientos invitados se giraron para mirar.
Lauren lo llamó:
—¿Ethan?
No se detuvo.
Cuando llegó a mi banco, me miró como si hubiera visto a alguien imposible.
—¿Eres realmente tú?
—¿Perdón?
Se acercó más.
—Oh, Dios mío.
Lauren se apresuró hacia nosotros.
—¿Qué estás haciendo?
Ethan señaló hacia mí.
—¿Esta es tu madre?
El rostro de Lauren cambió.
—Ethan, por favor.
Él parecía confundido.
—¿Por qué está sentada ahí atrás?
Antes de que Lauren pudiera responder, lo hice yo.
—No fui invitada.
Ethan giró bruscamente.
—¿Qué?
—Solo vine a dejarle algo a Lauren.
Levanté la caja de terciopelo.
Su expresión pasó de la confusión a la incredulidad.
—¿No invitaste a tu propia madre?