Él la miró confundido.
—El problema eras tú, Rodrigo. Siempre lo fuiste. Ellas hacían lo que hacían porque sabían que tú las ibas a justificar.
El hombre guardó silencio.
Luego preguntó lo que Mariana sabía que tarde o temprano preguntaría:
—¿De verdad vas a quitarme el 80%?
Ella sostuvo su mirada.
—No te estoy quitando nada. Tú firmaste ese convenio.
—Fue una locura. Mi papá me va a destruir. La empresa ya está perdiendo contratos. Si además me quitan mis acciones…
—¿Te acuerdas de lo que me dijiste cuando yo dudé en firmar? —preguntó Mariana—. “Si ninguno hace nada malo, la cláusula nunca importará”.
Rodrigo cerró los ojos.
—Mariana, por favor.
—Eso mismo pensé yo cuando te pedía que pusieras límites.
Él estiró la mano y sujetó la muñeca de ella.
—No te vayas todavía.
Mariana se tensó.
—Suéltame.
—Solo escucha.
—Rodrigo, suéltame.
El agarre se hizo más fuerte.
Entonces Lucía llegó a la mesa con el teléfono grabando.
—Suéltala ahora.
Rodrigo miró la cámara y abrió la mano.
Mariana se levantó.
En su muñeca habían quedado marcas rojas.
Lucía no dijo nada hasta que salieron del lugar.
En la banqueta, Mariana miró su brazo y sintió algo que no esperaba.
No miedo.
Certeza.
Rodrigo seguía confundiendo amor con control.
Y ya no había nada que rescatar.
La audiencia principal del divorcio llegó dos meses después.
Afuera del tribunal había reporteros. Adentro, la familia Alcántara llegó acompañada por un equipo de abogados.
Fernanda evitaba las cámaras. Teresa parecía haber envejecido años.
Rodrigo no miró a Mariana.
La defensa de los Alcántara sostuvo que el convenio debía anularse porque la penalización era excesiva y porque Mariana también había provocado un daño grave.
Lucía separó los dos asuntos.
—Una cosa es la responsabilidad de mi representada por las lesiones, que ya está siendo atendida en la vía correspondiente. Otra, completamente distinta, es determinar si el señor Rodrigo Alcántara ejerció violencia contra su esposa y si ese acto detonó la ruptura matrimonial.
Luego presentó el video.
La bofetada se vio de nuevo.
Después presentó mensajes de Mariana enviados durante los días posteriores a la boda.
“Rodrigo, por favor, dile a tu mamá que no entre a nuestro cuarto sin avisar.”
“Fernanda tomó el broche de mi mamá. Quiero que me lo devuelva.”
“No me siento cómoda aquí. Cada vez que digo algo, me pides que me calle para no hacer problemas.”
Las respuestas de Rodrigo también estaban ahí.
“Estás exagerando.”
“Es mi hermana, no seas intensa.”
“Mi mamá solo quiere ayudarte.”
“Aprende a llevar la fiesta en paz.”
No eran amenazas.
Pero mostraban un patrón.