No abrí los ojos.
No me moví.
Ni siquiera tragué saliva.
Cada segundo que pasaba fingiendo dormir era un segundo más que ellos seguían creyendo que tenían el control.
Rachel volvió a hablar en un susurro.
—¿Y si despierta antes?
—No lo hará —respondió Daniel con absoluta seguridad—. La dosis de esta noche era suficiente para que no recordara nada hasta mañana.
Sentí un escalofrío.
Así que no estaba imaginando aquellas lagunas de memoria.
Habían sido provocadas.
Escuché cómo cerraban la caja fuerte.
Después el sonido de hojas deslizándose dentro de una carpeta.
Daniel suspiró.
—Aquí está.
—¿El original?
—Sí.
La escritura de la casa.
Rachel dejó escapar una pequeña risa.
—Con esto solo falta la firma.
Daniel respondió con una tranquilidad aterradora.
—Y si no coopera…
Ya sabes cuál es el siguiente paso.
Unos minutos después ambos abandonaron la habitación.
Esperé.
Cinco minutos.
Diez.
Quince.
Solo cuando estuve completamente segura de que no regresarían abrí lentamente los ojos.
El corazón me golpeaba el pecho con tanta fuerza que me dolía.
Saqué la pastilla de la mejilla.
La envolví en un pañuelo de papel.
Después tomé el teléfono que escondía bajo la almohada.
No llamé a Daniel.
No llamé a Rachel.
Activé la grabadora de voz.
Había permanecido funcionando desde antes de fingir que tragaba la medicación.
Miré el archivo.
Veintidós minutos.
Si el micrófono había captado aquellas conversaciones, acababa de obtener algo mucho más valioso que cualquier documento.
Salí descalza de la habitación.
Las luces del piso inferior seguían encendidas.
Escuché voces provenientes del despacho.
Me acerqué despacio.
La puerta estaba entreabierta.
Rachel sostenía mi carpeta de documentos.
Daniel hablaba con alguien por videollamada.
No podía ver la pantalla.
Solo escuché una voz masculina.
—¿La paciente ya acepta el tratamiento?
Daniel respondió sin vacilar.
—Todavía no.
Pero su comportamiento es cada vez más inestable.
Creo que podremos justificar una evaluación psiquiátrica en pocos días.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
No estaban improvisando.
Aquello llevaba tiempo preparándose.