—No es por su culpa.
—También están siguiendo a mi familia.
Alejandro se detuvo.
—¿Qué familia?
Rosa palideció.
Había dicho demasiado.
—Mi madre.
—Pensé que vivía sola en Ciudad de México.
—Mi madre está en Hidalgo.
—¿Y alguien la siguió?
Rosa asintió.
—Ayer.
Alejandro llamó inmediatamente a seguridad.
Pero Rosa agarró su manga.
—No.
—Si Renata está intimidando a su familia…
—No es Renata lo que me preocupa.
Aquella frase cambió todo.
—¿Entonces quién?
Rosa miró hacia el piso superior, asegurándose de que Emilia no estuviera cerca.
Después sacó de su bolso una fotografía vieja.
Alejandro la tomó.
Era Mariana.
Su esposa.
La fotografía había sido tomada muchos años antes.
A su lado aparecía una mujer joven.
Alejandro tardó unos segundos en reconocerla.
—¿Quién es ella?
Rosa respondió:
—Mi hermana.
El corazón de Alejandro dio un golpe.
—¿Tu hermana conocía a Mariana?
—Trabajaron juntas antes de que usted conociera a su esposa.
—¿Por qué nunca me dijiste nada?
Los ojos de Rosa se llenaron de lágrimas.
—Porque yo no vine a esta casa buscando trabajo.
Silencio.
—Entonces ¿por qué viniste?
Rosa sacó un pequeño sobre.
Dentro había una memoria USB.
—Mi hermana murió seis meses después de Mariana.
Alejandro sintió frío.
—¿Qué tiene que ver eso con Emilia?
—Antes de morir me dejó esto.
—¿Qué contiene?
Rosa lo miró.
—Información sobre el accidente.
Alejandro dejó de respirar.
—La policía dijo que Mariana perdió el control del automóvil.
Rosa negó lentamente.
—Mi hermana nunca lo creyó.
—¿Por qué?
—Porque Mariana la llamó una hora antes de morir.
Alejandro sintió que el aire desaparecía de la habitación.
—¿Qué dijo?
Rosa tragó saliva.
—Que había descubierto algo sobre Renata.
Silencio.
—¿Qué?
Rosa señaló la memoria.
—Eso está aquí.
Alejandro conectó el dispositivo a su computadora.
Había documentos.
Correos electrónicos.
Fotografías.
Y una grabación de audio.
La fecha correspondía a la noche del accidente.
Presionó reproducir.
Durante varios segundos solo se escuchó ruido.
Después apareció la voz de Mariana.
Temblaba.
—Si me pasa algo, no permitan que Renata se acerque a Emilia.
Alejandro sintió que la sangre se le congelaba.
Pero Mariana todavía no había terminado.
—Alejandro no sabe quién es realmente esa mujer.
Hubo un ruido fuerte.
Después, la frase que hizo que Rosa cerrara los ojos.
—Y cuando descubra por qué Renata necesita entrar en nuestra familia, será demasiado tarde.
La grabación terminó.
Alejandro quedó inmóvil.
Entonces la puerta del estudio se abrió.
Emilia estaba allí.
Descalza.
Pálida.
Mirando la computadora.
—Mamá —susurró.
Alejandro corrió hacia ella.
—Mi amor…
Pero Emilia señaló la pantalla.
Después pronunció una frase completa por primera vez desde el accidente:
—Renata estaba con mamá en el coche.