—Mentí.
—¿Qué?
—Te vi embarazada.
Se pasó una mano por el cabello.
—Pensé que habías construido una vida con otro hombre. Cuando dijiste que ibas a divorciarte, quise saber si todavía tenía alguna oportunidad.
Lo miré incrédula.
—¿Entonces inventaste una novia?
—Tú inventaste un marido.
No pude discutir eso.
Pero faltaba algo mucho más grave.
—¿Quién ocultó mis mensajes?
Ethan dejó otra hoja frente a mí.
Un registro de acceso a su correo.
La cuenta había sido abierta repetidamente desde la casa de su madre mientras él estaba en el extranjero.
Aquella misma tarde fuimos a verla.
Margaret Hale abrió la puerta sonriendo.
La sonrisa desapareció cuando vio la carpeta.
—Mamá —dijo Ethan—. ¿Por qué le dijiste a Olivia que yo estaba comprometido?
Margaret palideció.
—No sé de qué estás hablando.
—¿Y por qué eliminaste sus mensajes?
Silencio.
—¿Por qué me hiciste creer durante años que nunca podría tener hijos?
Margaret miró hacia la cuna portátil que yo llevaba.
Su nieto dormía tranquilamente.
Entonces entendí.
Ella siempre había odiado nuestra relación.
Cuando Ethan y yo éramos novios, Margaret estaba convencida de que yo quería su dinero.
Había sido ella quien me envió fotografías de Ethan con otra mujer años atrás.
Yo interpreté aquellas imágenes como una infidelidad.
Ethan, por su parte, había recibido información de que yo estaba saliendo con un empresario.
Los dos habíamos sido manipulados.
—Solo intentaba protegerte —dijo Margaret.
Ethan soltó una risa sin humor.
—Me hiciste perder años con la mujer que amaba.
Margaret me señaló.
—¡Ella pudo haberte buscado!
—Lo hice —respondí.
La habitación quedó en silencio.
—Y cuando descubrí que estaba embarazada, volví a hacerlo.
Ethan cerró los ojos.
Su madre ya no tenía respuesta.

Nos marchamos.
En el automóvil ninguno habló durante varios minutos.