PARTE 2: EL HOMBRE PROHIBIDO QUE ENCONTRÓ A SU HIJA EN SUS BRAZOS.

PARTE 2: EL HOMBRE PROHIBIDO QUE ENCONTRÓ A SU HIJA EN SUS BRAZOS.

Brielle se quedó inmóvil en la puerta.

Everett Calloway levantó la mirada lentamente.

Era un hombre de unos cuarenta años, de cabello oscuro ligeramente canoso en las sienes y una expresión que normalmente hacía callar a toda una sala.

Pero en ese momento no parecía el poderoso propietario de Harbor & Ash.

Parecía simplemente un hombre sosteniendo con extremo cuidado a una bebé dormida.

Elodie tenía una mano cerrada alrededor de la solapa de su camisa.

—¿Es suya? —preguntó Everett.

Brielle casi no pudo responder.

—Sí.

Corrió hacia él.

—Mi hija.

Everett se levantó despacio.

—La encontré en el pasillo.

Brielle tomó a Elodie entre sus brazos y la revisó desesperadamente.

Respiración.

Manos.

Piernas.

Rostro.

Estaba bien.

Completamente bien.

Las lágrimas aparecieron antes de que Brielle pudiera detenerlas.

—¿Cómo llegó hasta aquí?

Everett miró hacia la puerta.

—Eso también quiero saber.

En ese instante aparecieron pasos en las escaleras.

Rochelle llegó primero.

Detrás venía Marcus Hale, el gerente del restaurante.

Y detrás de ambos…

Derek Dawson.

El exmarido de Brielle.

Ella palideció.

—¿Qué haces aquí?

Derek ni siquiera la miró.

Sus ojos fueron directamente hacia Elodie.

—Vine por mi hija.

Brielle abrazó a la bebé con más fuerza.

—No.

Rochelle cruzó los brazos.

—Señor Calloway, esto demuestra exactamente lo que intentaba explicarle.

Everett no respondió.

Rochelle continuó.

—Brielle escondió a una bebé en un almacén durante su turno.

Marcus intervino rápidamente.

—Es una violación gravísima de las normas.

Derek sonrió.

—Y suficiente para demostrar que no puede cuidar de Elodie.

Brielle sintió que el suelo desaparecía.

Entonces entendió.

Aquello no era una coincidencia.

—¿Quién te llamó?

Derek miró a Rochelle.

Solo un segundo.

Pero Brielle lo vio.

—Tú.

Rochelle no negó nada.

—Pensé que el padre debía saber que su hija estaba siendo abandonada detrás de unas cajas de manteles.

Brielle sintió cómo la vergüenza se mezclaba con rabia.

—No la abandoné.

—La dejaste sola.

—Porque mi niñera enfermó y no tenía dinero para otra.

Marcus soltó un suspiro.

—Eso no es problema del restaurante.

Everett lo miró.

—¿No?

El gerente se quedó rígido.

—Señor Calloway, me refiero a que…

—Sé exactamente a qué se refiere.

Everett se acercó.

—También sé que Harbor & Ash tiene un fondo de emergencia para empleados.

Marcus dejó de respirar.

Brielle frunció el ceño.

—¿Qué fondo?

El silencio respondió.

Everett miró a Marcus.

—Explíqueselo.

El gerente tragó saliva.

—Es… un programa interno.

—¿Para qué?

—Emergencias familiares.

Brielle sintió un golpe en el pecho.

—Yo pedí ayuda hace dos semanas.

Marcus evitó su mirada.

—Su solicitud no cumplía los criterios.

Everett frunció el ceño.

—¿Qué criterios?

Marcus no contestó.

Rochelle intervino.

—Creo que estamos desviándonos. La cuestión es que esta mujer puso a su hija en riesgo.

—No.

Everett habló con una calma absoluta.

—La cuestión ahora es por qué un programa que yo financio para evitar exactamente situaciones como esta no ayudó a una empleada con dieciocho dólares en su cuenta.

Brielle levantó la cabeza de golpe.

—¿Cómo sabe cuánto dinero tengo?

Everett la miró.

—Lo dijo mientras bajaba las escaleras.

Ella recordó haber murmurado desesperadamente mientras buscaba a Elodie.

Ni siquiera sabía que alguien la había escuchado.

Derek dio un paso adelante.

—Todo eso puede discutirlo después.

Extendió los brazos.

—Dame a la niña.

Brielle retrocedió.

—No.

—Soy su padre.

—Y no tienes custodia exclusiva.

—Después de hoy la tendré.

Sonrió.

—Mi abogado ya está preparando la solicitud.

La voz de Brielle se quebró.

—Llevas seis meses sin pagar manutención.

Derek endureció el rostro.

—Eso no tiene nada que ver.

—Cancelaste cuatro visitas.

—Trabajo.

—No fuiste a su revisión médica.

—¡Basta!

Elodie despertó sobresaltada.

Comenzó a llorar.