Brielle la abrazó contra el pecho.

Everett miró a Derek.
Su expresión cambió.
—Baje la voz.
Derek soltó una carcajada.
—¿Y usted quién se supone que es?
Marcus palideció.
Rochelle intentó hablar.
—Derek…
Pero ya era tarde.
Everett metió una mano en el bolsillo.
Sacó su teléfono.
—Soy el propietario de este edificio, de este restaurante y del grupo que gestiona otros once establecimientos.
Derek se quedó callado.
Everett continuó.
—Y también soy la persona que acaba de comprobar las cámaras.
Rochelle perdió el color.
Brielle lo miró.
—¿Las cámaras?
Everett asintió.
—El pasillo del almacén está grabado.
Rochelle dio un paso atrás.
—Eso no prueba nada.
Everett levantó el teléfono.
—Prueba que usted entró al almacén a las cinco con tres.
Brielle sintió un escalofrío.
—¿Qué?
—Y salió treinta segundos después cargando a Elodie.
El silencio se volvió insoportable.
Rochelle abrió la boca.
—Yo solo…
Everett no apartó la mirada.
—Después dejó a la bebé frente a mis escaleras privadas.
Brielle dejó de respirar.
Rochelle había sacado deliberadamente a Elodie del almacén.
—¿Por qué? —susurró Brielle.
Rochelle levantó la barbilla.
—Porque alguien tenía que demostrar lo irresponsable que eres.
Derek la miró.
—Me dijiste que Brielle la había perdido.
—Porque prácticamente lo hizo.
—Tú la moviste.
—Para protegerla.
Everett soltó una risa sin humor.
—No.
Guardó el teléfono.
—La utilizó.
Marcus miraba el suelo.
Everett se volvió hacia él.
—¿Usted sabía esto?
—No.
—Piénselo bien.
Marcus permaneció callado.
Eso fue suficiente.
Everett asintió lentamente.
—Entiendo.
Entonces presionó un botón en su teléfono.
—Seguridad.
Marcus levantó la cabeza.
—Señor Calloway…
—Acompañen al señor Hale y a la señora Pierce fuera de la propiedad.
Rochelle abrió mucho los ojos.
—¿Me está despidiendo?
—Sí.
—¡Por ella!
Señaló a Brielle.
Everett negó.
—Por manipular una situación que involucraba a un bebé para intentar perjudicar a una empleada.
Miró a Marcus.
—Y usted queda suspendido mientras revisamos por qué las solicitudes del fondo de emergencia fueron rechazadas sin llegar a Recursos Humanos.
Marcus intentó protestar.
Pero dos guardias ya descendían las escaleras.
Derek permaneció allí.
—Esto no cambia nada.
Miró a Brielle.
—Voy a pedir la custodia.
Ella sintió miedo.
Pero antes de que pudiera responder, Everett habló.
—Está en su derecho.
Derek sonrió.
Entonces Everett añadió:
—Y Brielle estará en su derecho de presentar las grabaciones, el historial de manutención, las visitas canceladas y cualquier otra documentación relevante.
La sonrisa desapareció.
Derek miró a Brielle una última vez.
—Esto no termina aquí.
—Lo sé.
Por primera vez, ella no bajó los ojos.
—Pero ya no me asustas.
Derek se marchó.
Cuando todos desaparecieron, la oficina quedó en silencio.
Brielle miró a Everett.
—¿Estoy despedida?
Él la observó durante unos segundos.
—¿Traer a su hija al trabajo violó una norma?
Ella bajó la cabeza.
—Sí.
—¿Dejarla sola fue seguro?
—No.