Parte 2: EL CIELO SE OSCURECIÓ

Parte 2: EL CIELO SE OSCURECIÓ

El ruido era ensordecedor.

Toda la base salió a mirar.

Los rotores levantaban enormes columnas de polvo.

Los cuarenta aparatos aterrizaron formando una perfecta línea de combate.

Jamás se había visto algo semejante en aquella instalación.

Las compuertas comenzaron a abrirse.

Decenas de operadores descendieron con disciplina absoluta.

Nadie hablaba.

Todos avanzaban en la misma dirección.

Hacia la oficina donde Victoria permanecía retenida.

Maddox salió apresuradamente.

—¿Quién está al mando?

Un hombre alto con uniforme negro avanzó hasta quedar frente a él.

No hizo saludo militar.

Solo mostró una credencial.

Maddox la leyó.

Después volvió a leerla.

Sus manos comenzaron a temblar.

—General…

El oficial guardó la identificación.

—¿Usted es el coronel Richard Maddox?

—Sí, señor.

—Perfecto.

Su voz era completamente serena.

—Necesito ver inmediatamente a la comandante Victoria Reyes.

Maddox intentó recuperar el control.

—Actualmente está bajo investigación disciplinaria.

El general lo observó durante varios segundos.

—Lo sé.

Otra pausa.

—Precisamente por eso estoy aquí.


Donovan abrió la puerta de la oficina.

Victoria permanecía sentada exactamente igual que seis horas antes.

—Vinieron.

Ella se puso lentamente de pie.

—Lo imaginé.

Al salir al exterior, cientos de soldados observaban la escena.

Los catorce operadores rescatados, aún vendados, también estaban presentes.

Uno de ellos dio un paso al frente.

Después otro.

Y otro más.

Los catorce terminaron formando una fila detrás de Victoria.

Nadie les dio esa orden.

Simplemente decidieron hacerlo.

El general caminó hasta ella.

La saludó militarmente.

Con absoluto respeto.

Toda la base quedó inmóvil.

Porque un oficial de cuatro estrellas acababa de saludar primero a una comandante.

—Comandante Reyes.

—Señor.

—He leído cada registro de la operación.

Sacó una carpeta.

—También escuché todas las comunicaciones.

Miró directamente a Maddox.

—Especialmente aquellas donde se negó la extracción.

El silencio era insoportable.

El general continuó.

—¿Sabe cuál fue el problema, coronel?

Maddox tragó saliva.

—Señor…

—No respondió.

El hombre dio un paso más cerca.