Mis propios padres me obligaron a donarle parte de mi hígado a mi hermano alcohólico no una, sino dos veces. Me robaron mi futuro y cuando él volvió a recaer, me exigieron que me arriesgara de nuevo: “Para eso estás, eres el repuesto”.

Mis propios padres me obligaron a donarle parte de mi hígado a mi hermano alcohólico no una, sino dos veces. Me robaron mi futuro y cuando él volvió a recaer, me exigieron que me arriesgara de nuevo: “Para eso estás, eres el repuesto”.