El día de la graduación, una pequeña niña huérfana se acercó a un multimillonario y le preguntó: “¿Podría fingir ser mi papá… solo por hoy?” Lo que ocurrió después dejó a todo el auditorio llorando.

El día de la graduación, una pequeña niña huérfana se acercó a un multimillonario y le preguntó: “¿Podría fingir ser mi papá… solo por hoy?” Lo que ocurrió después dejó a todo el auditorio llorando.

PARTE 2: La mujer parada junto a la reja se llamaba Patricia Hernández. Valentina apenas la recordaba: perfume fuerte, uñas largas, voz dulce cuando había gente mirando y cruel cuando no.
—Mi amor —dijo Patricia, abriendo los brazos—. Tu tía vino por ti.
Valentina retrocedió hasta chocar con Alejandro.
—Yo no quiero ir con ella —susurró.
La directora, la maestra Lupita y dos madres de familia observaban en silencio. Patricia levantó una carpeta amarilla.
—Soy hermana de su mamá. Tengo derecho. Además, me acaban de avisar que la señora Carmen ya no puede cuidarla. Esta niña necesita una familia de verdad, no una anciana enferma ni un desconocido rico jugando al héroe.
La frase cayó como piedra.
Alejandro dio un paso al frente.
—Cuidado con lo que dice.
Patricia sonrió.