—Ya no tienes prometida aquí.
Sebastián lo miró de arriba abajo.
—Ah, el mártir del altar. ¿Todavía sigues actuando?
Valeria salió del pasillo. Al verlo, se quedó quieta, pero no retrocedió.
—¿Qué quieres?
Sebastián habló de miedo, presión, arrepentimiento. Dijo que había cometido un error. Que verla con Diego le había demostrado cuánto la amaba.
Valeria soltó una risa seca.
—¿Lo descubriste después de dejarme parada frente a mi familia?
La máscara de Sebastián se quebró.
—Él no es para ti. Es un empleado cualquiera. Tú naciste para algo mejor.
Valeria se colocó junto a Diego.
—Él es para mí porque se quedó.
Sebastián apretó la mandíbula. Entonces, por despecho, soltó la verdad: no se había ido por miedo. La noche antes de la boda, Natalia Ibáñez, hija de un poderoso constructor de Santa Fe, le ofreció acceso a un fondo inmobiliario si rompía con Valeria. Sebastián eligió el dinero, las conexiones y el apellido correcto.
Valeria se quedó inmóvil.
—O sea que me dejaste porque yo no valía lo suficiente para tu futuro.
—No dije eso.
—Lo dijiste. Solo tardaste más de 3 palabras.
Sebastián no se fue vencido. Esa misma noche publicó un video acusando a Diego de manipular a una mujer vulnerable. Y al final mostró algo que nadie esperaba: una supuesta conversación donde Valeria, días antes de la boda, decía que admiraba a Diego.
El país entero volvió a mirar.