Elegí una diferente.
Más pequeña.
Más sencilla.
Cuando terminó de instalarla, me senté frente a ella y apoyé una mano sobre mi vientre.
Mi hija se movió suavemente.
Sonreí.
Durante mucho tiempo había pensado que ser fuerte significaba demostrar que podía enfrentarme a cualquiera.
Aquella noche aprendí algo diferente.
A veces la verdadera fuerza consiste simplemente en decir:
“No tienes derecho a tratarme así.”
Gregory quería enseñarme cuál era mi lugar.
Tres días después de nuestra boda descubrió la respuesta.
Mi lugar nunca había estado debajo de su autoridad.
Y cuando finalmente lo comprendió, ya estaba fuera de mi casa, fuera de mi vida y enfrentando por sí mismo las consecuencias que había creído que nunca llegarían.