Parte 2: EL DIBUJO QUE NADIE DEBÍA LEER

Parte 2: EL DIBUJO QUE NADIE DEBÍA LEER

—Ellas nunca dejaron de quererlo.

Solo dejaron de entender por qué siempre desaparecía.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.

Alejandro volvió a mirar el dibujo.

Había otra frase escrita en una esquina.

Muy pequeña.

Tan pequeña que casi pasó desapercibida.

“Lucía prometió que mamá seguía aquí.”

Él levantó la vista.

—¿Qué significa eso?

Teresa sonrió con tristeza.

—No inventó cuentos.

Les enseñó una manera de recordar sin hacerse daño.

Alejandro permaneció varios segundos inmóvil.

Después tomó el teléfono.

Marcó el número de Recursos Humanos.

—Necesito localizar inmediatamente a Lucía Hernández.

La secretaria respondió tras unos segundos.

—Lo siento, ingeniero. Ella firmó la renuncia hace cuarenta minutos.

—Denme su dirección.

—No podemos proporcionar…

—¡Es una emergencia!

Hubo unos instantes de silencio.

Finalmente la secretaria respondió.

—Solo tenemos registrado un domicilio antiguo en Iztapalapa.

Alejandro tomó las llaves del automóvil.

—Voy por ella.

Teresa no respondió.

Solo observó cómo salía apresuradamente.

Veinte minutos después, el vehículo negro cruzaba la ciudad bajo una lluvia inesperada.

El empresario llegó al edificio señalado.

Era una construcción antigua.

Subió corriendo hasta el tercer piso.

Golpeó la puerta.

Nadie respondió.

Una vecina abrió lentamente.

—¿Busca a Lucía?

—Sí.

—Llegó hace una hora.

—¿Está aquí?

La mujer negó despacio.

—Se fue otra vez.

Alejandro sintió que el estómago se le hundía.

—¿Sabe adónde?

—Solo dijo que no podía quedarse.

—¿Por qué?

La vecina dudó unos segundos.

Después respondió con evidente preocupación.

—Porque recibió una llamada.

—¿De quién?

—No lo sé.

Pero cuando colgó… estaba llorando.

Dijo algo que me dejó muy inquieta.

Alejandro sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

—¿Qué dijo?

La mujer respiró profundamente.

—Dijo exactamente esto…

“Si descubren la verdad sobre las niñas, ya no podré protegerlas.”

El empresario quedó completamente inmóvil bajo la lluvia.

¿Qué verdad?

¿De qué necesitaba protegerlas Lucía?

Y, sobre todo…