Cuando terminó el servicio, todos se pusieron de pie.
Un hombre con traje gris caminó por el pasillo hacia nosotros.
Se detuvo directamente frente a Noah.
—¿Eres Noah?
Noah me miró.
—Sí.
Varias personas cercanas comenzaron a girarse para mirar.
El hombre le entregó un sobre grueso.
—Soy Daniel. Me encargué de la herencia del señor Vance.
Noah lo miró.
—¿Qué es esto?
—Algo que dejó para ti.
Aaron se dio cuenta y se acercó junto con Claire.
Daniel le entregó el sobre a Noah.
—Dejó instrucciones muy específicas.
Noah lo abrió.
Dentro había cuatro sobres más pequeños.
Aaron parpadeó.
—Nunca había visto esos.
Cada uno tenía algo escrito a mano:
**Sábado Uno.**
**Sábado Dos.**
**Sábado Tres.**
**Sábado Cuatro.**
—Tus instrucciones son abrir uno cada sábado, en ese orden —explicó Daniel.
Aaron y Claire se miraron.
Noah soltó una pequeña risa.
En pleno funeral.
Lo empujé suavemente con el codo.
—Perdón —dijo—. Es que… eso es muy propio de él.
Aaron casi sonrió.
—Sí. Lo es.
## **El primer sábado**
El sábado siguiente, Noah abrió el primer sobre en nuestra mesa de la cocina.
Dentro había una dirección y una sola frase:
**«Lleva a Claire contigo.»**
Claire miró la dirección.
Entonces abrió ligeramente la boca.
—Conozco este lugar.
Era un restaurante sencillo situado a unos veinte minutos de distancia.
Claire no había estado allí en años.
Cuando llegamos, una mujer mayor detrás del mostrador miró a Claire y se quedó paralizada.
—Dios mío…
Claire frunció el ceño.
—¿Ruth?
Ruth salió de detrás del mostrador y la abrazó.
—No te he visto desde que murió tu madre.
Claire empezó a llorar antes de comprender siquiera por qué estaban allí.
Ruth desapareció en la parte trasera y regresó con una caja de cartón.
—Tu padre me la trajo hace seis meses.
Dentro había decenas de tarjetas de recetas.
La letra de Margaret cubría cada una de ellas.
Claire tomó una.
—Rollos de canela.
La apretó contra su pecho.
—La receta de Navidad de mamá.
—Pensé que se habían perdido.
Se sentó en aquel restaurante y lloró.
Más tarde, en el estacionamiento, le contó a Noah:
—Después de que murió mamá, dejé de preparar el desayuno de Navidad.
—¿Por qué?
Claire miró la tarjeta de la receta.
—La casa ya no olía igual.
Se secó las lágrimas.
—Sé que suena tonto.
—No suena tonto.
Claire sonrió débilmente.
—Papá lo sabía.
## **El segundo sábado**
El segundo sobre decía:
**«Lleva a Aaron al campo Franklin. Lleva el guante.»**
El viejo guante de béisbol había sido encontrado entre las pertenencias del señor Vance y estaba destinado a Aaron.
En cuanto Aaron lo vio, apretó la mandíbula.
—No.
Claire lo miró.
—Aaron…
—No voy a participar en una especie de búsqueda sentimental.
Noah permaneció en silencio.
Aaron señaló el guante.
—¿Sabes qué hace que todo esto sea ridículo?
—No —respondió Noah.
Aaron miró hacia la casa vacía del señor Vance al otro lado de la calle.
—Mi hijo, Ben, jugó en la liga infantil en Franklin Field durante cinco años.
Su voz se volvió más dura.
—Lo invité constantemente.
Claire habló suavemente:
—Lo sé.