Me despedí de mi esposa moribunda y salí del hospital; entonces escuché a las enfermeras hablar.

Me despedí de mi esposa moribunda y salí del hospital; entonces escuché a las enfermeras hablar.

Me despedí de mi esposa moribunda y salí del hospital; entonces escuché a las enfermeras hablar.
Un susurro de enfermera puede viajar más lejos que un grito. Andrés Villalobos lo descubrió a las 6:47 de la tarde, parado junto a una máquina de café en el Hospital Santa Regina, en la Ciudad de México, mientras dos enfermeras hablaban frente a un cuarto de suministros.

—Esa paciente no está en la lista del doctor Saldívar —dijo una de ellas—. De hecho, nunca estuvo en ninguna lista quirúrgica.

Andrés sintió que el piso se movía bajo sus zapatos.