“El hospital”, admití. “Mi hijo necesita una operación de corazón. Urgentemente.”
“Ah.” La expresión de Arthur se suavizó. “Lo siento.” Se tocó el pecho con una mano. “Mi corazón también está fallando. Pronto necesitaré un cuidador yo mismo.”
“Lo siento, señor. Si hay algo que pueda—”
“Arthur”, corrigió con suavidad. “Llámame Arthur.”
A la mañana siguiente, el hospital volvió a llamar.
“Señora, han llegado los últimos resultados de las pruebas de Noah. Tenemos que adelantar su cirugía y comenzar el tratamiento preoperatorio inmediatamente. ¿Puedes confirmar el pago para el viernes?”
Apreté el teléfono con tanta fuerza que me dolían los dedos.
“¿Viernes? Yo… necesito más tiempo.”
Pero ya no había tiempo.
Colgué la llamada y me dejé caer en el suelo de mármol del pasillo de Arthur. Diez minutos después, me encontró allí, su bastón golpeando suavemente el azulejo.
“¿Qué ha pasado?” preguntó.
“Hijo mío”, susurré. “Están adelantando la consulta. No puedo pagarlo. Nunca podré pagarlo.”
Guardó silencio durante un largo momento.
Entonces dijo algo tan impactante que pensé que le había malinterpretado.
“Cásate conmigo. Tu hijo se operan y yo tengo una esposa que mis hijos no pueden controlar.”
Negué con la cabeza mientras las lágrimas caían por mi rostro. “No me convertiré en esa mujer.”
“¿Ni siquiera para salvar a tu hijo?”
Esa noche salí de la mansión con sus palabras resonando en mi cabeza.
Alrededor de medianoche, tuve que llevar a Noah de vuelta al hospital de inmediato. Los médicos lo estabilizaron, pero su advertencia fue clara: la cirugía no podía esperar mucho más.
A la mañana siguiente, llamé a Arthur desde el aparcamiento del hospital.
“Si digo que sí, el dinero va al hospital hoy.”
“Hecho”, dijo.
Cerré los ojos.
“Entonces sí. Me casaré contigo.”
Noah fue ingresado para tratamiento preoperatorio esa misma tarde. Pronto, el color volvió a sus mejillas y el médico dijo que podía asistir a la boda siempre que no se quedara mucho tiempo y volviera directamente después.
Rosas blancas adornaban la gran escalera de la mansión. Los periodistas se agolparon fuera de las puertas, tomando fotos de “la misteriosa novia del millonario”.