—Algún día sabrás por qué esta pequeña tradición ha sido tan importante para mí.
—¿Y por qué no me lo cuentas ahora?
Me miró y sonrió.
—Todavía no es el momento.
No imaginaba que aquellas serían de las últimas palabras que escucharía sobre aquella misteriosa bebida.
Meses después, Víctor ya no estaba en casa.
Todo parecía diferente.
La casa era la misma, pero el silencio se sentía mucho más pesado.
Una noche, exactamente a las nueve, preparé dos vasos por pura costumbre.
Los coloqué sobre la mesa.
Luego me quedé mirándolos durante varios minutos.
Al día siguiente tomé la antigua botella.
Había llegado el momento.
Quería saber qué había detrás de aquella tradición que había durado treinta y cinco años.
Llevé la botella a un laboratorio para analizar su contenido.
Unos días después recibí una llamada.
—Señora Carter, nos gustaría explicarle personalmente los resultados.
Emily vino conmigo.
El especialista colocó varios documentos sobre la mesa.
—¿Sabe desde cuándo forma parte de su rutina?
—Desde hace unos treinta y cinco años.
El especialista asintió.
—Entonces creo que le resultará interesante conocer su historia.
Los resultados revelaron algo que jamás había imaginado.
Aquella bebida no era simplemente una bebida tradicional.
Víctor había buscado orientación profesional muchos años atrás y había elegido cuidadosamente una preparación para que formara parte de mi rutina diaria.
Pero lo que más me sorprendió no fueron los resultados.
Fueron los documentos que el especialista me entregó después.
Entre ellos había algunos papeles antiguos.
Mi apellido de soltera aparecía escrito en ellos.
Entonces comprendí que, durante los primeros años de nuestro matrimonio, había existido una recomendación relacionada con mi bienestar que yo misma había terminado olvidando.
Víctor, en cambio, nunca la olvidó.