—¿Por qué dices eso?
La niña respondió:
—Porque siempre estás cuidándonos.
Las otras cuatro comenzaron a asentir.
Anaya miró a sus hijas.
Y entendió que ellas habían visto más de lo que imaginaba.
Habían visto sus esfuerzos.
Sus cansancios.
Sus preocupaciones.
Pero también habían aprendido algo mucho más importante.
Que una familia no se construye solamente con lo que tiene.
Se construye con lo que sus miembros están dispuestos a dar.
Aquella noche hicieron una promesa.
No sabían cuánto tiempo tardarían en mejorar su situación.
No sabían dónde vivirían en unos años.
No sabían qué dificultades aparecerían.
Pero decidieron que nunca permitirían que una de ellas enfrentara un problema completamente sola.
Las cinco niñas pusieron sus manos una sobre otra.
Y Anaya colocó la suya encima.
—¿Prometido? —preguntó.
—¡Prometido! —respondieron las cinco.
Anaya sonrió.
Pero todavía no sabía que aquella promesa sería puesta a prueba mucho antes de lo que imaginaban.
PARTE 3 — Cuando las hijas empezaron a cuidar a su madre
Pasaron los años.
Las niñas crecieron.
Y poco a poco aquella pequeña familia comenzó a cambiar.
Mira fue la primera en conseguir una oportunidad para estudiar lejos de casa.
Anaya estaba orgullosa.
Pero también tenía miedo.
La noche antes de su partida, Mira se sentó junto a su madre.
—Mamá.
—¿Sí?
—¿Estás triste?
Anaya intentó sonreír.
—Un poco.
—No quiero irme si vas a quedarte sola.
Anaya tomó sus manos.
—No estaré sola.
Señaló hacia las otras cuatro.
—Tengo un ejército.
Mira se rio.
Pero después abrazó a su madre.
—Te prometo que volveré.
—No me prometas eso.
Mira la miró sorprendida.
—¿Por qué?
—Prométeme que aprovecharás la oportunidad.
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Mira asintió.
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