—¡Dios mío! —exclamó Mariana, llevándose la mano al pecho—. El médico va a operar. Si cortan este tumor cuando esté completamente desarrollado…
Antes de que pudiera terminar su frase, la pesada trampilla de hierro en lo alto de la escalera de hormigón se cerró de golpe con un fuerte y ensordecedor CLANG.
Las luces del búnker se apagaron al instante, sumiéndolos en la oscuridad total, a excepción del extraño resplandor verde de la pantalla del terminal.
Desde lo alto de la escalera, el fuerte y pesado clic de una cerradura exterior resuena a través de las paredes de hormigón. Luego, el sonido de un ventilador que se detiene bruscamente.
Y desde las sombras tras las cubas de incubación, comenzó a resonar un sonido sordo, húmedo y estridente: algo pesado que se deslizaba desde una tubería de desagüe que se adentraba cada vez más en las entrañas olvidadas de la ciudad.
Tomás alzó su linterna, cuyo haz de luz atravesó la oscuridad, para iluminar únicamente un par de dedos pálidos y alargados que se aferraban al borde de la bañera de cristal rota.
¿Qué información oculta el sistema? ¿Logrará Tomás escapar del búnker antes de que termine la cuenta regresiva de catorce minutos, o el Dr. Velázquez desatará sin querer una verdadera pesadilla en la mesa de operaciones?