El comandante Téllez asintió.
—Encontramos mensajes donde pregunta cuánto tardaría usted en despertar y si podría recordar algo.
Elena tembló de rabia.
Dos días después, en el juzgado, Adrián apareció con un traje gris y una expresión ensayada de hombre arrepentido.
Paulina llegó escoltada, sin maquillaje y sin el collar de esmeraldas, que ya estaba bajo resguardo.
El abogado de Adrián afirmó que Elena había usado una crisis matrimonial para apropiarse del negocio.
Julia respondió proyectando la foto del aeropuerto.
“Adiós, inútil. Te dejamos sin empresa, sin casa y sin un peso.”
La jueza Verónica Robledo leyó el mensaje en silencio.
—Señor Montalvo, ¿niega haberlo enviado?
Adrián bajó la mirada.
—No, su señoría, pero fue una broma de mal gusto.
—¿También fue una broma llevar 165,000 dólares, joyas ajenas y documentos corporativos en un vuelo internacional?
Él no respondió.
Julia mostró después el protocolo del fideicomiso. En las páginas 6, 11 y 17 aparecía la firma de Adrián, autorizando que Elena asumiera el control ante cualquier indicio de fuga o fraude.
—Yo confiaba en ella para revisar documentos —protestó él.
La jueza lo observó con frialdad.
—Entonces su argumento es que la mujer a la que llama inútil era responsable de entender lo que usted firmaba.
Elena sintió algo parecido a la justicia, pero todavía no a la paz.
Advertisement
La prueba definitiva llegó al final. Julia presentó una grabación obtenida de la computadora de Adrián.
Se escuchaba su voz hablando con el médico:
—Con 3 noches sedada basta. Después decimos que tuvo otro episodio. Yo firmo como esposo y Paulina mueve las cuentas.
Adrián levantó la cabeza de golpe.
—¡Eso está manipulado!
Paulina comenzó a llorar.
—No lo está. Yo estaba ahí.
Elena la miró.
Paulina no era inocente, pero entonces comprendió que Adrián pensaba traicionarlas a ambas.
En otra carpeta cifrada apareció un boleto distinto: solo para Adrián, con destino final a Dubái 3 días después de llegar a España.
También había transferencias a una cuenta desconocida por Paulina.
Adrián planeaba huir con su amante y después abandonarla, cargándole la mayor parte del fraude.
Paulina lo miró con horror.
—Me juraste que empezaríamos una vida juntos.
—Cállate —susurró él.
—¡Vendí mi departamento por ti!
—Y robaste por decisión propia.
La jueza ordenó mantener a ambos bajo medidas cautelares estrictas, retener sus pasaportes y congelar bienes vinculados a las operaciones.
Adrián perdió de inmediato cualquier facultad dentro de la empresa.
Al salir, intentó alcanzar a Elena en el pasillo.
Advertisement
—Tú provocaste esto.
Ella se detuvo.