En Ghazni, Afganistán, una familia no tenía cómo comprarle a Murtaza Ahmadi, de solo 5 años, la camiseta de su ídolo. Así que Hamayoun, su hermano mayor, tomó bolsas de plástico que un vecino había desechado y pintó a mano el nombre de Messi y el número 10.

La foto se subió a Facebook sin ninguna pretensión. Pero algo en esa imagen —la sonrisa del niño, la camiseta improvisada, la devoción pura— hizo que se compartiera miles de veces hasta cruzar fronteras y llegar al propio Messi.

El futbolista le envió camisetas firmadas y un balón. Y en diciembre de 2016, antes de un amistoso del Barcelona en Doha, Qatar, Murtaza finalmente estrechó la mano de su ídolo. El niño que no tenía una camiseta real terminó abrazando al hombre que la usaba.