PARTE 2: EL PRIMER BAILE, kara

PARTE 2: EL PRIMER BAILE, kara

Di un paso más cerca.

Sigo exactamente igual que el lunes.

Me acabo de quitar el uniforme que había decidido ponerme para volverme invisible.

Vi cómo esas palabras le afectaron más que cualquier reprimenda.

Diego alzó su copa.

Bueno, parece que la apuesta ha terminado.

Metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó un sobre que contenía dinero.

Veinte mil pesos.

La saludó con la mano delante de Alexander.
“Perdiste incluso antes de empezar”.

Pero Alejandro permaneció en silencio.

Él simplemente me estaba mirando.

Era como si intentara reconstruir tres años de recuerdos desde una perspectiva completamente diferente.

En ese momento, un hombre de unos cuarenta años se acercó sonriendo.

Traje gris.

Canas.

En su solapa brillaba una insignia de uno de los hospitales privados más importantes del país.

-Buenas noches.

Me miró directamente.

¿Aceptarías este baile?

No esperó la respuesta de nadie más.

Simplemente me ofreció la mano.

Reconocí al Dr. Ricardo Santillán.

Habíamos trabajado juntos durante dos años, tiempo durante el cual yo coordiné proyectos médicos para el Grupo Ferrer.

Siempre fue respetuoso.

Lea más en la página siguiente.

Siempre amable.

Sonreí.

-Con mucho gusto.

Le tomé la mano.

Oí a Mauricio soltar una carcajada detrás de mí.
Creo que eso responde a la pregunta.

Mientras caminábamos hacia la pista, podía sentir la mirada de Alejandro fija en mi espalda.

La orquesta comenzó a tocar un bolero moderno.

Ricardo me guió de forma natural.

—Hace años que no la veo fuera del trabajo.

Porque casi nunca salgo.

-Qué vergüenza.

Me miró con una sonrisa sincera.

Siempre sentí que te estaba ocultando muchas cosas.

No respondió por obligación.

Lo dijo con total serenidad.