La jueza detuvo la lectura.
Frunció ligeramente el ceño.
Volvió a leer la primera página.
Después levantó la vista hacia Barrett.
—Señor O’Connell…
Él mantuvo la misma sonrisa confiada.
—Sí, Su Señoría.
La jueza apoyó un dedo sobre el documento.
—Quiero confirmar algo.
—Con mucho gusto.
Ella leyó lentamente.
—”Registro original de accionistas de O’Connell Logistics LLC.”
Hizo una breve pausa.
—Primer accionista fundador…
Sus ojos recorrieron la línea.
—Loretta Anne Calloway.
Toda la sala quedó en silencio.
La jueza continuó.
—Sesenta por ciento de participación.
Barrett dejó de sonreír.
Douglas se inclinó rápidamente sobre la mesa.
—Debe tratarse de una copia incompleta…
La jueza levantó otra hoja.
—No.
Aquí está el sello del Secretario de Estado de Ohio.
Es el registro original.
Miró nuevamente a Barrett.
—Su nombre aparece en segundo lugar.
Cuarenta por ciento.
Paige abrió los ojos con incredulidad.
Douglas empezó a hojear desesperadamente su propia carpeta.
—Eso no puede ser…
La jueza no apartó la vista del documento.
Luego formuló una única pregunta.
—Señor O’Connell…
¿Por qué el tribunal ha recibido durante semanas escritos afirmando que usted era el fundador único de la empresa, cuando el registro oficial muestra exactamente lo contrario?
El color desapareció del rostro de Barrett.
Por primera vez desde que comenzó la audiencia, no tuvo respuesta.
Yo respiré despacio.
Recordaba perfectamente aquel invierno trece años atrás.
Había vendido el pequeño edificio comercial que heredé de mi abuelo.