—Papá, ¿de qué está hablando? ¿Quién es ella?
Instintivamente, me aparté.
Papá extendió el brazo delante de mí, creando una barrera entre mi madre y yo.
—No te la vas a llevar a ninguna parte —dijo papá.
—No te corresponde a ti decidir eso —replicó ella bruscamente.
—¿Alguien me puede explicar qué está pasando? ¡Papá, por favor!
Me miró y bajó la cabeza. —Nunca te robé de ella, pero tiene razón en una cosa. No soy tu padre biológico.
—No te corresponde a ti decidir eso.
—¿Qué? ¿Me mentiste?
—Liza te dejó conmigo. Su novio no quería al bebé y ella estaba pasando por un mal momento. Me pidió que te cuidara una noche para poder conocerlo y hablar. —Hizo una pausa—. Nunca regresó. Él también desapareció esa noche. Siempre supuse que se fugaron juntos.
—¡Intenté volver! —gritó Liza—.
¿Quién decía la verdad?
Entonces una voz se alzó desde algún lugar de las gradas. —Los recuerdo.
—¿Qué? ¿Me mentiste?
Todos se giraron.
Una de las profesoras mayores del colegio bajaba las escaleras hacia nosotros.
—Te graduaste aquí hace 18 años con un bebé en brazos —dijo, señalando a papá—. Luego asintió a la mujer—. Y tú, Liza, vivías al lado de él. Dejaste los estudios antes de graduarte. Desapareciste ese verano. Junto con tu novio.
El murmullo en las gradas se hizo más fuerte.
Y así, la historia dio un giro inesperado.
Me volví hacia mi padre.
“Te graduaste aquí hace 18 años con un bebé en brazos.”