La única persona a la que podía llamar
No sé cuánto tiempo permanecí allí.
Solo recuerdo que en algún momento comprendí que no podía enfrentar aquello sola.
Tomé el teléfono.
Y llamé a mi hermana Sofía.
—Sofi… necesito que vengas.
—¿Qué pasó?
—Encontré algo que Valentina preparó.
Hubo apenas un segundo de silencio.
—Voy para allá.
Llegó pocos minutos después.
Al entrar al depósito se quedó inmóvil.
Sus ojos recorrieron las cajas.
Luego me abrazó con fuerza.
—Vamos a pasar por esto juntas.
Todo lo que había preparado
La segunda caja estaba identificada como:
«Planes para cuidarte»
Dentro había rutinas diarias.
Recordatorios.
Ideas de comidas.
Consejos para que siguiera adelante.
Entre los papeles encontré mensajes escritos por Valentina.
«Hoy comé algo calentito.»
«Por favor, no vuelvas a saltear el desayuno.»
«Salí a caminar aunque no tengas ganas.»
Apreté los papeles contra mi pecho.
—Pensó en todo.
Sofía asintió emocionada.
—Sí. Pensó en todo.
La tercera caja decía:
«Las personas que van a ayudarte»
Había una lista de vecinos.
Amigos.
Padres de compañeros.
Profesores.
Incluso empleados de la escuela.
Junto a cada nombre, Valentina había escrito por qué aquella persona era importante.
Y cuándo debía acudir a ella.
No quería que enfrentara el dolor sola.
Continua en la siguiente pagina