El verdadero amor no consiste en controlar el camino de otra persona, ni siquiera con buenas intenciones.
Se trataba de respetar su derecho a dudar, a elegir mal, a caer, a recuperarse y a crecer.
Matthew ya no caminaba delante de mí, tirando de mí hacia el futuro que él creía que yo merecía.
Ya no esperaba detrás de él para que me guiara.
Por primera vez, simplemente caminábamos uno al lado del otro.