La infidelidad había sido brutal.
Pero aquello era una traición calculada.
Rodrigo no planeaba dejarla únicamente por otra mujer. Planeaba usar su firma para desviar millones y hacerla responsable.
Octavio llamó a la Fiscalía de Nuevo León. Verónica ordenó congelar cualquier pago relacionado con el contrato.
Rodrigo perdió el empleo antes de salir del aeropuerto.
Pero el golpe familiar llegó esa misma noche.
Su madre, doña Teresa, apareció en el departamento de Santa Fe acompañada por la hermana de Rodrigo. Apenas Mariana abrió la puerta, la mujer comenzó a reclamar.
—Una esposa decente no destruye a su marido por un error. Los hombres se equivocan. Tú debiste arreglarlo en privado.
Mariana permaneció inmóvil.
—¿Un error? ¿Así llama a robar 12,400,000 pesos y prepararme una acusación por fraude?
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Teresa frunció los labios.
—Rodrigo jamás haría eso. Esa secretaria lo manipuló. Y tú siempre lo hiciste sentir menos con tu puesto y tu dinero.
La hermana de Rodrigo levantó el celular y empezó a transmitir en vivo.
—Que todos vean cómo Mariana está echando a su esposo de la casa que construyeron juntos.
Mariana miró la cámara.
Después caminó hacia un cajón y sacó una carpeta.
—Perfecto. Que todos lo vean.
Mostró las escrituras.
El departamento había sido comprado por Mariana 2 años antes de casarse. Las camionetas estaban a nombre de Grupo Arista. Las vacaciones, los muebles y hasta la tarjeta con la que Teresa pagaba sus tratamientos dentales salían de una cuenta personal de Mariana.
Rodrigo no había construido aquella vida.
La había ocupado.
Teresa se quedó muda, pero aún faltaba algo.
Mariana colocó sobre la mesa varios estados de cuenta.
—También encontré 18 transferencias de Rodrigo a una cuenta que usted abrió para guardar la herencia de su esposo.
La mujer palideció.
Rodrigo le había dicho que invertiría el dinero para darle rendimientos.
En realidad, había retirado 2,800,000 pesos.
Parte de esa suma terminó en VL Consultoría.
Teresa se sentó como si le hubieran golpeado las piernas.
—Él dijo que era para asegurar mi vejez.
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Mariana la miró con tristeza.
—La estaba dejando sin vejez.
La transmisión seguía activa. Más de 6,000 personas escucharon la conversación antes de que la hermana de Rodrigo, aterrada, apagara el celular.
En pocas horas, el video se volvió viral.
Muchos criticaron a Mariana por exponer a su esposo. Otros preguntaron por qué una mujer debía proteger en silencio al hombre que intentó destruirla.
Rodrigo llegó acompañado de un abogado.
Ya no llevaba el traje impecable del avión. Tenía la camisa arrugada, los ojos rojos y una desesperación casi infantil.
—Dame 10 minutos —pidió—. Sin abogados. Sin tu familia. Solo nosotros.
Mariana aceptó hablar en el vestíbulo del edificio, frente a las cámaras de seguridad.
Rodrigo cayó de rodillas.